Publicado: 6 de Diciembre de 2022

Vigilar las piezas más delicadas de tu vehículo y acudir al taller con regularidad es fundamental para evitar susto que puedan suponerte un sobrecoste en la reparación. Uno de esos elementos es la correa de distribución, una pieza básica que en caso de rotura puede provocar una avería de grandes dimensiones, vamos a descubrir más sobre ella.


Qué es una correa de distribución

Se trata de un elemento del motor que permite sincronizar la rotación del cigüeñal y el árbol de levas. Gracias a ella las válvulas pueden abrirse y cerrarse en el momento adecuado para cumplir con su función. Simplificando un poco el proceso, la correa es la responsable de transmitir la y gestionar la orden para que el motor se ponga en marcha. Por ello, su rotura puede derivar en el daño de un pistón o válvula encareciendo la reparación.


Cuándo hay que cambiar la correa del vehículo

La correa está fabricada en caucho, aunque se incluyen otros materiales como goma y nailon. Cuentan con una vida útil, ya que durante su uso suelen generar una holgura que puede derivar en un mal funcionamiento del motor o en su rotura. Por ello, suele ser recomendable sustituirla cada 70 000 o 120 000 km o pasados los 5 años.


Indicadores de que se debe ir al taller a cambiar la correa de distribución

Existen una serie de avisos que pueden indicarte que tu correa necesita sustituirse. Ten presente que aunque sea una de las piezas más caras de la mecánica del vehículo, pero no cambiarla puede ser peor. Estos algunos indicadores:


  • Ruido en la transmisión
  • Vibraciones con el coche parado y el motor encendido
  • Dificultad para arrancar el vehículo


Si notas algunos de estos síntomas puedes acudir a nuestro taller. Comprobaremos el estado de la correa para ver si solo necesita un ajuste o es necesario sustituirla, si cuenta con algún defecto como grietas.